Cuando quiero pensar en mujeres de verdad, apasionadas, constantes en su lucha y con los pantalones bien puestos, pienso inevitablemente en Amparo Ochoa, cantautora mexicana que pasó la mayor parte de su vida regalándole su voz y letras al pueblo..
“Mujer, si te han crecido las ideas, de ti van a decir cosas muy feas. Que no eres buena, que si tal cosa, que cuando callas te ves mucho más hermosa”. Amparo nunca calló, siempre mantuvo su canto y su voz de protesta en alto. Renunció a la fama y al dinero por cantarle a su gente, al amor, a la libertad; por denunciar las injusticias a viva voz y sembrar esperanzas y ansias de progreso en la población.
Ella nunca fue Presidente de su país ni Ministra del Interior. Sin embargo, representaba a la mujer del pueblo que se revela ante gobiernos opresores y que no le temen a la lucha por un futuro mejor para los suyos.
Pero también hay de las otras mujeres, frías, indiferentes a los problemas de la población, prepotentes e incapaces de reconocer sus errores. Y como la vida siempre tiene sus cosas, son precisamente estas mujeres quienes muy a menudo nos “representan”. Este es el caso de nuestra flamante Ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, quien no sólo traiciona al pueblo que la eligió, sino que traiciona a todas aquellas mujeres que luchan furiosas por sus hijos, sus esposos, sus tierras y su patria.
¿Qué mujer verdaderamente mujer sería capaz de aprovecharse de la ignorancia de la población indígena para llamarlos asesinos, cobardes, terroristas o traidores a la patria? Ninguna mujer que tenga entrañas y sangre en las venas sería capaz, no sólo de enviar a la muerte a policías y nativos, sino además negar su responsabilidad sobre los hechos y culpar, una vez más, al bastión más débil.
Mientras en la selva la población defendía su derecho a vivir en condiciones dignas, ella exhortaba a los miembros de la Policía Nacional a “cumplir con su labor y reprimir a los ignorantes que se oponen al desarrollo del país”. No importaba si alguno muere, si para ellos esa tierra que se pretende vender es lo único que tienen, si sufren o si su protesta ya tiene más de un mes y cada día se vuelven más pobres. Total, como algún infame señaló, “no son ciudadanos de primera categoría”.
Durante la historia, este tipo acciones se han repetido una y otra vez. Siempre han existido dictadores, tiranos, etc. que actuaron en contra de los intereses del pueblo. Sin embargo, esta posición resulta incomprensible en una mujer que se supone, conoce las necesidades de nuestro país.
Cuando pienso que esta mujer me representa y toma decisiones por mí, busco un disco que me regalaron hace tiempo y oigo la dulce pero tenaz voz de Amparo Ochoa. Entonces pienso que las cosas no van a cambiar de la noche a la mañana y que, tal como lo hizo Amparo, sólo nos queda trabajar en pro del desarrollo de nuestro pueblo y nunca perder la esperanza o nuestros ideales de justicia e igualdad; nunca dejar de ser mujer.