3/10/12

Sé de ti por los libros


A Lady Fairchild se le hacía difícil andar por los campos de Gales, escoltada por por un tipo "demasiado bueno para ser cierto". ¿Cómo ignorar tanta gentileza? ¿Tanto traje de paño fino? Un tipo de buen porte, decente, que le jura y re-jura amor y la mejor de las felicidades.

Alguien capaz de enfrentarse a los monstruos más terribles salidos de los cuentos germánicos. Braveheart. De larga cabellera atada con mucho tino hacia el lado derecho del rostro. Finísimo en su andar, impecable en las posadas. Alguien con quien se dice, su honra va a estar a salvo. 

Pero a sus cuatro lustros, Lady Fairchild comprende que para que sus años valgan la pena, hay que ser terca. Lo suficientemente terca como para andar en carruaje ajeno por tierras remotas y desconocidas, con cuatro reales en la cartera y la seguridad de andar buscando a ese que por derecho -y deber- ha de cambiarle un poquitin la vida de niña bien que sus tía Ava tanto se esforzó en darle. "Demasiado bueno para ser cierto" deberá conformarse con las sonrisas prestadas que su alteza tiene para él cada mañana.

"Ese" la espera en frío castillo, con verdes paredes pegajosas y una escasa colección de retratos en tonos pastel. "Ese", rudo como solo él sabe serlo, conoció una vez -many, many years ago- el amor. Y desde entonces cultiva flores raras y construye grandes muros para que la maldad del mundo no lo alcance, again. 

-"Mi Lord. Os ruego que me otorgue lo que me corresponde", dijo haciendo un nudo en las tripas para no delatarse.

-"Claro que sí, Lady Fairchild. Pero primero usted deberá demostrar con documentos que la respalden ser quien dice es". Echo sus ojos negros y profundos al vacío.  "También deje ya de perderse en los pasillos oscuros, que bastante tengo con soportar su presencia en casa y compartir mi mesa con su noviecillo, tremendo farsante al que usted insiste en proteger", dijo mientras la observaba descaradamente y esbozaba una mueca de complicidad.

Y pensó para sí, que sus labios eran demasiado cálidos y mágica su piel para tratarse de aquella muchacha, la que aparecía noche a noche en sueños, rebanándole la piel, partiendo sus huesos y echando sus restos a los buitres. El corazón le saltaba. Los ojos le ardían. No estaba dispuesto a ser abandonado otra vez. No estaba dispuesto a morir por la misma causa again

Lady Fairchild apenas pudo sostenerse unos segundos más tras la salida de "Mi Lord". Y pensó que la historia recién empezaba. Que todo estaba por escribirse. 

Felizmente, lo que vendría con él lo tenía aprendido ya de los libros. Gracia tía Ava.



Algo raro me pasa. Algo así como "Te regalo las mejores canciones, los mejores poemas". No sé

Enero



Con malas noticias empezamos el año que se termina ya. Uno dice que se va. El otro dice que ya se fue. El otro está, pero más allá. Y este último no está, ni nada que ver.

(Antes se me hacía menos difícil escribir de mis cosas)