Siendo las 2 horas de la mañana del 10 del 10, mi visión del mundo pretende ser más nítida. Puede que se deba a los lentes nuevesitos que duplican las cosas o a mi ojo izquierdo herido. Lo cierto es que creo haber comprendido: no te vas ir aunque termines haciéndome creer que sí.
He visto tus fotografías.
Está todo escrito.
Tu también tienes el corazón un poco aviar aunque digas que no, aunque grites, aunque intentes golpearme. Pero no te vas a ir, porque tu cuerpo se corroe en la distancia. Porque necesitas de mis piernas para caminar y manos para escribir tanto como yo necesito de ti para vivir.
Está vez será más fácil.
Lo sé.
Se acabaron los llantos de madrugada.
Ya no te detendré.
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