El viento se estrella contra mi rostro.
Inmóvil. El ambiente me adormece y tirito de frió. Un paso más y estoy muerta. Todo tiembla, todo se desvanece. Estás, estás, en algún lugar estás, y mi cuerpo percibe tus movimientos. En mi corazón, sólo pánico. ¿Y si gritase? Quizás acudirías a mi llamado. El riesgo es muy alto, puedo perder mis canciones en el intento. Sigo inmóvil, ese es mi destino. Ante tu presencia, ese es mi destino.
Entonces apareces, radiante, majestuoso; como cuando se fotografía movimientos violentos con velocidades bajas. Pienso. Así somos. Tú, violento y brillante. Yo, triste. Mientras te acercas, mis venas explotan y ahí estoy, embadurnada en mi sangre. Toda una perdida.
Me tienes.
Pero tu corazón es extranjero.
Y me oyes.
Y bebes de mi sangre.
Recoges mis uñas y mis entrañas.
Peinas mis cabellos.
Y eres bueno.
Bueno.
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