Hace ya algún tiempo desde que Lima se ha convertido en víctima de la excesiva publicidad exterior. “Nunca tanto como en París”, dicen algunos, pero en nuetras tierras ya se pueden observar avenidas enteras plagadas de gigantescos y llamativos soportes publicitarios que intentando vendernos algo. Se diría entonces que el uso y abuso de este medio ha generado un nuevo problema de dramáticas consecuencias: La Contaminación Visual.
Publicidad exterior y Contaminación Visual
La publicidad exterior es aquella situada en lugares públicos y dirigida a una audiencia indeterminada. Se basa en el impacto visual que, a través de imágenes y colores llamativos debe lograr en el recepto. Es emitida a través de diversos soportes publicitarios como paneles, vallas, banderolas, etc.
La Contaminación Visual es aquella que, haciendo uso de la publicidad exterior, altera el equilibrio visual y estético del medio. En Lima, no es difícil encontrar grandes paneles y vallas publicitarias las cuales, colocadas una tras de otra y sin aparente orden establecido, saturan y obstaculizan nuestra visión generando molestias en el receptor además de un posible rechazo al medio.
Empresas publicitarias como Vallas, Clear Chanel y Punto Visual hacen uso de este tipo de anuncios y los colocan sin cuidado alguno en zonas altamente transitadas. Un buen ejemplo son las avenidas La Marina y Paseo de la República, donde los avisos publicitarios abarrotan sus bermas, paredes y aires convirtiendo el paisaje urbano en una selva de marcas, colores y formas.
Efectos colaterales
Según una investigación realizada en Argentina, el exceso de publicidad degenerada en contaminación visual, podría causar efectos contra producentes. Al presentarse ésta de forma excesiva y agresiva, se ve afectada en su funcionalidad por lo cual, a modo de defensa, nuestro organismo bloquea y anula el entendimiento de los mensajes.
Sin embargo, la contaminación visual puede acarrear peores y muy lamentables consecuencias. Un buen ejemplo son los accidentes en las pistas y carreteras.
Al ser colocados de forma irregular, Muchos anuncios publicitarios obstruyen y distraen la visión de los conductores, como es el caso de la Panamericana Sur durante la estación de verano. “Para mirar un panel junto a la carretera, el conductor gira la cabeza. Hay que tomar en cuenta que observar un panel demora 2,6 segundos. Un auto avanza 27 metros en apenas un segundo, tiempo más que suficiente para salirse del carril o atropellar a alguien. Obviamente, mientras más numerosos y aparatosos sean los paneles, las posibilidades de distracción aumentan”, señala Gustavo López , director de la Escuela de Conductores del Touring y Automóvil Club del Perú a una entrevista concedida para el diario “El Comercio”.
Además, la Contaminación Visual también es generadora de malestares en la salud publica. Los estímulos agresivos y simultáneos a los que el público está expuesto pueden influir negativamente en ellos, generándoles intranquilidad, dolores de cabeza, tensión e, incluso, estres.
Reacciones y acciones
El pasado 27 de noviembre, la Municipalidad de Lima emitió la Ordenanza Municipal Nº 1094, la cual regula avisos y anuncios publicitarios en la ciudad. No atentar contra el ornamento público, ubicarse racionalmente, y no dificultar el normal desarrollo de las actividades humanas son algunos de sus cometidos.
Sin embargo, y a pesar de que esta ordenanza muestra especificaciones técnicas muy claras, muchas de las empresas publicitarias colocadores de estos anuncios no las cumplen, generando así más caos y desorden visual. Además, si sumamos esto a la contaminación ambiental y sonora, Lima se torna en laberinto gris de formas, colores y sonidos insalubres y perturbadores para la percepción común de un ciudadano cualquiera.
Mientras nuestras autoridades no tomen cartas en el asunto y no se trate en serio el problema de la Contaminación Visual, seguiremos viendo grandes y coloridos “monstruos” disfrazados de lindas señoritas tratando de llamar de nuestra atención, donde vayas.
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