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Entonces, las calles estaban apestadas, llenas de falso amor, de gestos ensayados frente al espejo, de caricias enfermizas y de odiosas flores rojas por doquier.
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Bueh, quizá no tanto.
"Feliz 14 de febrero", me dijeron. No supe que responder. Se supone que San Valentín me apesta -nos apesta- pero una siempre termina diciendo "Gracias, feliz día también". ¿Qué demonios puede significar San Valentin? ¿Por qué demonios tantas personas necesitan un 14 de febrero para demostrar amor o afecto? ¿Acaso - demonios- no es suficiente Navidad, Año nuevo, Cumpleaños feliz y bla bla bla?
No sé, no lo sé y nunca lo sabré. Quizá necesite estar bajo ciertos estímulos previos para someterme a semejante estupidez. Y es que el amor lo puede justificar todo.
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Desde el tercer piso de la librería todo se veía espantosamente abrumador. Era demasiada gente para un espacio tan pequeño como la vía pública. Demasiados mimos, arrumacos, que sé yo; gente intercambiando fluidos en masa. Pero mi instinto de autodestrución pudo más y, a rastras, me llevó ahí, justo a donde menos quería ir, al lugar por excelencia. Ahí: El parque del amor.
El camino de ida fue muy divertido. Era una -sola chica- dirijiéndose al lugar donde nadie va sola. Y la gente me miraba. Y especulaba. "Pobre, seguro la dejaron plantada" (pude haber matado a la patética niña Crepúsculo que dijo eso). Y es que en la mente del peruano promedio, no le cabe la idea de un 14 de febrero de soledad y felicidad.
Ya en el epicentro mismo, la situación no parecía tan catastrófica como me la imaginaba. Tuve la oportunidad de leer uno a uno los versos inscritos en los muros decorativos y divertirme viendo como muchos perspicaces vendedores estafaban a desprevenidos latin lovers con el cuentazo de "rosas americanas a solo 5 soles". Luego me convertí en fotógrafa free lance: me ofrecía caritativamente a fotografiar a las parejas que, con su propia cámara, no hacían más que tomarse fotos por separados. Ellos, felices; yo, entretenida.
Ya luego me reconcilié conmigo misma con una delicioso baño helado en el mar. Y es que sólo el mar posee la explicación para todo. Recuerda: y si la tristeza me alcanza, me cubriré con las aguas del mar.
En el camino de regreso, alguien, un desfachatado xx, me invitó una cerveza helada para el camino, un cigarro y un amor. Todavía conservo la lata de cerveza y la colilla del cigarro. ¿El amor?, para otro día será.
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San Valentín me apesta tanto como me divierte. Además, de alguna forma, una siempre se las arregla para recibir un regalito dulzón. Por cierto, un besito para todos los que tuvieron la gentileza de dirigirme algunas palabras agradables. Eso sí, no esperen nada de mí.
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Y si tu, suicida lector, fuiste solo triste y olvidado, este videito ilustra unos amorosos tips que has de anotar por si te vuelve a ocurrir.
y no me mires mal!
2 comentarios:
rateraaaaaa y nobataaaaaaaaaaaa, con cariñoooooo
wrong answer, baby
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