12/2/09

Pesimista

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Espíritu del mundo: Aquí tienes, pues, la tarea de tus trabajos y tus dolores: por ella debes existir, tal y como existen las demás cosas.

El hombre: Pero ¿qué obtengo yo de la existencia? La ocupación trae consigo necesidad; y la falta de ocupación, tedio. ¿Cómo puedes ofrecerme por tanto trabajo y tanto dolor tan miserable recompensa?

Espíritu del mundo: Una recompensa que, precisamente por su precariedad, viene a ser un equivalente de todas tus molestias y todos tus dolores.

El hombre: ¡¿Cómo?! a fe mía que esto exede mi capacidad de comprensión.

Espiritu del mundo: Lo sé. (Aparte, hablando para sí mismo.) ¡¿Debería yo decirle que el valor de la vida consiste precisamente en enseñarle a no querer?! Para este sumo sacerdocio tiene que prepararlo primero la vida misma.

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