
Blanca Varela (1926 - 2009 )
Calle Catorce
Tu y yo caminando por estos mismos lugares. ¿Acaso es cierto? Teníamos que caminar exactamente treinta pasos para alcanzar las gradas y descender los cien peldaños, los cien peldaños que tenían mil años.
¿Acaso es cierto?
Abajo estaba todo lo que teníamos que alcanzar: nombres, palabras, cifras, horas de sombra, horas de luz, estaciones.
¡Qué compañía era tu mano, qué sombra -mi sombra- era tu cuerpo, unido a tu mano, siguiendo mi cuerpo, entre otras sombras y otros cuerpos! Siempre más lejos, sorteando la negra chacra, la ululante canción de la urbe. Tú, hundido hasta la cintura; tú en lo alto, delgado, girando, pararrayos, terriblemente al rojo, dormido de pronto, lanzado a la oscuridad, tren fantasma, pitada colosal, alba de faro, cuarto de hotel, Tú.
Aquí estoy, aquí estoy en la calzada, comprando flores destinadas a morir.
Salúdame, señor, hombre gordo; señorita,muere tu cuerpo, que parezcas viva, agita tu cabello de cartón en el aire de la muerte; que suenen tus pulseras, tu risa; abre las pierna, si puedes, y que la luz penetre tu vientre y seas una lámpara silbando en el túnel desierto.
No hay nada aquí, nada más allá. Por ello toma a tu pareja de la cintura y trata de no ser bailando, amando, lo que crees que eres tú; esa continuidad, silencio y oquedad y ruido entre ambos y ruido de arena que cae cuando dormida, apena recién nacida, era el aire separándose, negro y blanco, negro y blanco, un papel sobre el rostro humedeciéndose con la respiración.
No respires sobre la memoria. Jardines de ceniza, hotel de muros frágiles, pirámides de gas, ordenada, simétrica desaparición hasta cuatro, tres, dos, uno, cero.
¿Volveremos tú y yo a recorrer estos mismos lugares? ¿Acaso es cierto?
Ascenderemos los peldaños y será lo mismo. Y luego, sed y dolor.
Tomemos un café en esta cripta de neón. como una cinta ruedan las palabras de tus labios imprimiéndose en mi memoria que pronto no será.
Siéntate conmigo en esta plaza fantasma, en esta ciudad fantasma y contamos todas las luces, no sólo las que iluminan este fracaso sino todas las posibles.
¿Por qué no también la de esa estrella que será destruida mañana, reducida a una cifra en la negra pizarra celeste?
Suena un timbre, una sirena. Puerta giratoria por donde entro y salgo siempre al mismo lugar; escalera mecánica donde descubro que perdí las pierna hace tiempo en una guerra donde no estuve. ¿Fue una granada o una mirada de ira? Lo cierto es que aquí , en medio de la calle, agito mi campanilla de leproso y canto con una voz gangosa, de lázaro, las bellezas de la vida.
Sus finos zapatos de piel culebra la llevan hasta mí y con mi dedo que es una aguja de metal, negra, perfecta, infalible, le muestro la carroña, el techo de desperdicios, la ulcerada nariz del poeta, y le digo una vez más a ella, a mi espantada sombra, que me acompañe a un día más y un día más y un día.
Epitafio
Esto es hoy
algo perdido.
Brilla el césped.
Cae una hoja
y es como la señal esperada
para que vuelvas de la muerte
y cruces con resplandor
y silencio de estrella
y mi memoria.
Nadie Sabe mis cosas
5
(conversaciones insidiosas)
alguien dice tu nombre
-es un libro interesante habla de un héroe
anónimo por cierto
hay una estrella azul al fondo de mi vaso
inagotable estrella
debe brillar en tus ojos cada vez que la miro
cómo debes reír para los otros
tú cordero disfrazado de cordero
tú lobo a solas
tú atrozmente niño
-los bellos pensamientos señores
no ocultan el perfume de la carne
hemos de transpirar los museos como bestias
sumisas bestias en su rincón de terciopelo
-Picasso por ejemplo...
Identikit
sí
la oscura materia
animada por tu mano
soy yo
Curriculum Vitae
digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora
Camino a Babel
VII
ayúdame mantra purísima
divinidad del esófago y el píloro.
si golpeas infinitas veces tu cabeza
contra lo imposible
eres el imposible
el otro lado
el que llega
el que parte
el que entiende lo indecible
el santo del desierto que se traga la lengua
el que vuelve a nacer forzando a la madre
de su madre
el nadador contra la corriente
el que asciende de mar a río
de río a cielo
de cielo a luz
de luz a nada.
Último poema de junio
Pienso en esa flor que se enciende en mi cuerpo. La hermosa, la violenta flor del ridídulo. Pétalo de carne y hueso. ¿Pétalos? ¿Flores? Preciosismo bienvestido, muertodehambre, vaderretro.
Se trata simplemente de heridas congénitas y felizmente mortales.
Luz alta. Bermellón súbito bajo el que te despiertas de pie, caminando a ninguna parte. Pies, absurdas criaturas sin ojos. No se parecen sino a otros pies. y además estas manos y estos dientes, para mostrarlos estúpidamente sin haber aprendido nada de ellos.
Y encima de todo y todas las cosas, sobre tu propia cabeza, la aterciopelada corona del escarnio: un sombrero de fiesta, inglés y alto, listo para saludar lo invisible.
Rojos, divinos, celestes rojos de mi sangre y de mi corazón. Siena, cadmio, magenta, púrpuras, carmines, cinabrios. Peligrosos, envenenados círculos de fuego irreconcilliable.
¿A dónde te conducen? ¿A la vida o muerte? ¿Al único sueño?
La flor de sangre sobre el sombrero de fiesta (inglés y alto) es una falsa noticia.
Revelación. Soy tu hija, tu agónica niña, flamante y negra como una aguja que atraviesa un collar de ojos recién abiertos. Todos míos, todos ciegos, todos creados en un abrir y cerrar de ojos.
El dolor es una maravillosa cerradura.
Arte negra: mirar sin ser visto a quien nos mira mirar.
Arte blanca: cerrar los ojos y vernos.
Ver: cerrar los ojos.
Abrir los ojos: dormir.
Facilidades de la noche y de la palabra. Obscenidades de la luz y el tiempo.
Y así, la flor que fue grande y violenta se deshoja y el otoño es una torpe caricia que mutila el rostro más amado.
Fuera, fuera ojos, nariz y boca. Y en polvo te conviertes y, a veces. en imprudente y oscuro recuerdo.
Dulce animal, tiernísima bestia que te repliegas en el olvido para asaltarme siempre. Eres la esfinge que finge, que sueña en voz alta, que me despierta.

Para Blanquita, un beso y las mejores canciones del mundo.

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