24/3/09

¡Profeta!

A veces pasan cosas inexplicables, rarísimas. Un buen profeta, por ejemplo-. Sí, ¡Hombre de poca fe!, ¡Mujer incrédula! ¡Un profeta!...

¿De qué sirve la fe si nuestras obras no se corresponden con ella en la práctica?
Quizá eso explique porque los grandes revolucionarios descansan en el seno del padre todopodesoro y porque si los materialistas no creen en Dios, Dios cree en ellos. Por sus obras, claro; y la sangre derramada en su nombre.

Luchar por la justicia es la voz (en serio) y además viene con el plus de una estadía post mortum en el sacrosanto reino de los cielos, todo previa colaboración porque diez centavitos no te hacen pobre a ti ni rico a mi. Además, diosito te esta viendo.

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